viernes, 12 de enero de 2018

LA POESÍA AMOROSA DEL SIGLO XV: LA INFLUENCIA PROVENZAL



Representación del Roman de la Rose,
 poema francés del siglo XIII,
influido por el amor cortés
La poesía amorosa castellana del siglo XV, recogida en los Cancioneros, se basa, entre otras influencias (Francesco Petrarca o Ausiàs March), en la lírica de los trovadores provenzales de los siglos XII y XIII.
Los trovadores de Provenza, que solían crear la letra y la música de sus canciones, fueron los primeros poetas cultos de la Edad Media que escribieron en lengua romance. Trataban fundamentalmente el tema amoroso, en concreto un tipo de relación amorosa a la que se llamó amor cortés, una forma de amar refinada, propia de la nobleza o de la corte. Es un amor entendido como un servicio que el poeta (a la manera del vasallo en la sociedad feudal) presta a su dama (su señora).
Ella está casada, es socialmente superior a él y es semejante a una diosa, según el poeta, por su belleza y honestidad. Ella se comporta como una amada enemiga, porque rechaza la relación carnal.
El amante se compromete, por su parte, a mantener en secreto su amor. El sentimiento amoroso del poeta consiste en el placer y el sufrimiento que siente al contemplar a la mujer que desea, sabiendo que es inalcanzable. Esta contradicción perfecciona espiritualmente al amante pues lo aparta del amor grosero o carnal, propio de los villanos. Sólo le queda al enamorado la humildad y seguir amando en secreto a su dama.
Para plasmar estos sentimientos el poeta se vale de recursos como las personificaciones, las alegorías, las antítesis y las paradojas (como se lee en el poema que acompaña estas líneas).

Cuidado nuevo venido
me da de nueva manera
pena la más verdadera
que jamás he padecido.
Yo ardo, sin ser quemado,
en vivas llamas de amor;
peno sin haber dolor,
muero sin ser visitado
de quien con beldad vencido
me tiene so su bandera.
¡O mi pena postrimera,
secreto fuego encendido!

Juan Rodríguez del Padrón

domingo, 31 de diciembre de 2017

AÑO 2018

Para felicitar el nuevo año os dejo esta columna de Manuel Vicent, aparecida hoy en El País,  en la que de manera aguda y sugestiva reflexiona acerca de la vida. Ojalá se cumplan en este año que va a empezar todas vuestras ilusiones. Feliz 2018.
Getty Images


La historia no tiene nada que ver con anales del calendario. La deciden las hecatombes, las guerras, los descubrimientos, las hazañas de los héroes. El siglo XX terminó el 9 de noviembre de 1989 con la caída del muro de Berlín y el siglo XXI se inició con el 11 de septiembre de 2001 con el atentado de las Torres Gemelas. Sucede lo mismo con la vida. Los años no empiezan el 1 de enero, sino a mitad de septiembre con el curso escolar, que viene a coincidir con el inicio del ciclo agrario de la naturaleza. Mientras los niños van a la escuela en otoño se produce la sementera. La semilla del trigo se pudre y germina bajo tierra, como los sueños, y en junio se realizan los exámenes y la siega. La vida tiene una estructura dramática, con planteamiento, nudo y desenlace, cuyos éxitos, fracasos, felicidad o desdicha, los decide el azar, al margen del almanaque. La infancia termina cuando con la llegada del uso de razón el niño percibe que sus padres no son inmortales. Esa es la verdadera expulsión del paraíso, el final de la inocencia, el presentimiento de la muerte. El adolescente se convierte en adulto cuando comprende que sus maestros, lejos de tener siempre la razón, pueden ser contestados. La inocencia y la rebeldía constituyen el planteamiento de la vida; el sexo, el amor, la ambición, el mando y la sumisión forman el nudo; el desencanto y las ilusiones perdidas son siempre el desenlace. Estos son días de hacerse preguntas esenciales, por ejemplo, qué tiene para uno más interés, un análisis político y económico o un análisis de orina; qué va a suceder de terrible, de placentero, de orgiástico, de tenebroso, de insólito en este año de 2018, que pueda alterar el curso de la historia; o si todo seguirá igual de rudo y pedregoso, consabido, rutinario. Nunca se cumplen años. Se cumplen salud o enfermedad, ilusión o desengaño.

sábado, 16 de diciembre de 2017

#POEMA27: «LOS PLACERES PROHIBIDOS» DE LUIS CERNUDA

Retrato de Luis Cernuda
por Gregorio Prieto
Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe
No decía palabras» de Luis Cernuda)

Un año más nos sumamos a la iniciativa del profesor Toni Solano en homenaje a los poetas del 27. En esta ocasión vuelvo con Luis Cernuda y una invitación a leer sus poemas amorosos y eróticos de Los placeres prohibidos. Como  aperitivo os dejo el poema que abre el libro, en el que seguramente quedaréis atrapados con poemas de gran poder subversivo y expresivo como «Qué ruido tan triste», «No decía palabras», «Si el hombre pudiera decir», «Unos cuerpos son como flores» o «Te quiero».




DIRÉ CÓMO NACISTÉIS
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.