jueves, 14 de septiembre de 2017

LAS PALABRAS DE NUESTRA VIDA

Para dar la bienvenida en este nuevo curso 2017-2018, además de los textos que leeremos en clase, os dejo en el blog este artículo de Juan José Millas, «Las palabras de nuestra vida», recogido en la siempre interesante página de Fundéu. Es todo el artículo un hermoso canto a los diccionarios y las palabras que contienen, porque todos los seres humanos estamos hechos de palabras. Espero que os guste la particular manera en que el autor nos muestra la mirada que proyecta sobre las palabras y su vivencia al lado de los diccionarios, esos «espejos» que ayudan a comprender el mundo y a conocernos mejor.

LAS PALABRAS DE NUESTRA VIDA

Resulta difícil imaginar un artefacto más ingenioso, útil, divertido y loco que un diccionario.

Ilustración de Fernando Vicente
Toda la realidad está contenida en él porque toda la realidad está hecha de palabras. Nosotros también estamos hechos de palabras. Si formamos parte de una red familiar o social es porque existen palabras como hermano, padre, madre, hijo, abuelo, amigo, compañero, empleado, profesor, alumno, policía, alcalde, barrendero

Escuchamos las primeras palabras de nuestra vida antes incluso de recibir el primer alimento, pues son tan necesarias para nuestro desarrollo como la leche materna. Por eso sabemos que hay palabras imposibles de tragar, como un jarabe amargo, y palabras que se saborean como un dulce. Sabemos que hay palabras pájaro y palabras rata; palabras gusano y palabras mariposa; palabras crudas y palabras cocidas; palabras rojas o negras y palabras amarillas o cárdenas. Hay palabras que duermen y palabras que provocan insomnio; palabras que tranquilizan y palabras que dan miedo.

Hay palabras que matan. Las palabras están hechas para significar, lo mismo que el destornillador está hecho para desatornillar, pero lo cierto es que a veces utilizamos el destornillador para lo que no es: para hurgar en un agujero, por ejemplo, o para destapar un bote, o para herir a alguien. Las palabras nombran, desde luego, aunque hieren también y hurgan y destapan. Las palabras nos hacen, pero también nos deshacen.

La palabra es en cierto modo un órgano de la visión. Cuando vamos al campo, si somos muy ignorantes en asuntos de la naturaleza, sólo vemos árboles. Pero cuando nos acompaña un entendido, vemos, además de árboles, sauces, pinos, enebros, olmos, chopos, abedules, nogales, castaños, etcétera. Un mundo sin palabras no nos volvería mudos, sino ciegos; sería un mundo opaco, turbio, oscuro, un mundo gris, sombrío, envuelto en una niebla permanente. Cada vez que desaparece una palabra, como cada vez que desaparece una especie animal, la realidad se empobrece, se encoge, se arruga, se avejenta. Por el contrario, cada vez que conquistamos una nueva palabra, la realidad se estira, el horizonte se amplía, nuestra capacidad intelectual se multiplica.

Pese a la modestia del primer diccionario que tuve entre mis manos (uno muy básico, de carácter escolar), recuerdo perfectamente la emoción con la que lo abrí y me adentré en aquella especie de parque zoológico de las palabras. Las primeras que busqué fueron, lógicamente, las prohibidas, para ver qué aspecto o qué costumbres tenían, como el niño que en el zoológico busca las jaulas de los animales más raros o exóticos o quizá más crueles. Una vez saciada esa curiosidad, caí rendido ante el misterio de las palabras de cada día. Me fascinaba aquella vocación por decir algo, por significar. A menudo, yo mismo ensayaba definiciones que luego comparaba con las del diccionario, asombrándome ante la precisión de bisturí de aquellas entradas. No se podía decir más ni mejor en menos espacio. Me maravillaba también la invención del orden alfabético, sin duda el más arbitrario de los imaginados por el ser humano y sin embargo el más universalmente aceptado. Al contrario del resto de los órdenes, no se sabe de nadie que haya intentado cambiarlo o subvertirlo.

En el diccionario están todas las palabras de nuestra vida y de la vida de los otros. Abrir un diccionario es en cierto modo como abrir un espejo. Toda la realidad conocida (y por conocer para el lector) está reflejada en él. Al abrirlo vemos cada una de nuestras partes, incluso aquellas de las que no teníamos conciencia. El diccionario nos ayuda a usarlas como el espejo nos ayuda a asearnos, a conocernos. Pero las palabras tienen, hasta que las leemos, una característica: la de carecer de alma. Somos nosotros, sus lectores, los hablantes, quienes les insuflamos el espíritu. De la palabra escalera, por ejemplo, se puede decir que nombra una serie de peldaños ideada para salvar un desnivel. Pero esa definición no expresa el miedo que nos producen las escaleras que van al sótano o la alegría que nos proporcionan las que conducen a la azotea; el miedo o la alegría (el alma) la ponemos nosotros. De la palabra oscuridad se puede predicar que alude a una falta de luz. Pero eso nada dice del temblor que nos producía la oscuridad en la infancia (el temblor, de nuevo, lo ponemos nosotros).

Las palabras tienen un significado oficial (el que da el diccionario) y otro personal (el nuestro). La suma de ambos hace que un término, además de cuerpo, tenga alma. Por eso se habla del espíritu o de la letra de las leyes. Cada vez que abrimos un diccionario y leemos una de sus entradas estamos insuflando vida a una palabra, es decir, nos estamos explicando el mundo.

Resulta difícil imaginar un tesoro más grande que el compuesto por el María Moliner, el Coromines o el Larousse, además del Oxford y el de sinónimos y antónimos. No es que ese conjunto fuera perfecto para llevárselo a una isla. Es que él es en sí mismo una isla. Una isla de significado, es decir, una isla de sentido.

miércoles, 21 de junio de 2017

LECTURAS PARA EL VERANO

Lecturas recomendadas
En este enlace de la página web del instituto encontraréis lecturas para el verano sugeridas por dos compañeros, Alicia González de 4º de ESO y Sergio Guillén de 1º de Bachillerato. Aparecen muestras de diferentes géneros acompañadas de breves comentarios que invitan a acercarnos a obras muy variadas: hay narrativa juvenil, fantástica, histórica, policiaca, realista,... Ojalá alguno de estos libros (o cualquier otro) os descubra el placer de la lectura. Feliz verano.

viernes, 16 de junio de 2017

VIVIR LA LITERATURA

Os dejo el artículo que escribí para la revista Impazto del instituto y que aparecerá próximamente. En él, de forma resumida, se da cuenta de las actividades desarrolladas en nuestro instituto para fomentar la lectura.
VIVIR LA LITERATURA
Jorge Luis Borges nos dejó dicho que la literatura es una forma de la alegría y en el departamento de Lengua castellana y Literatura del IES Pablo Serrano así lo entendemos también. Por eso, para invitar a la lectura, además del trabajo en clase, preparamos a lo largo del curso una serie de actividades que tratan de invitar a la lectura, es decir, de contagiar la felicidad.
RUTAS LITERARIAS. Durante este curso 2016-2017 hemos continuado con las rutas literarias que organiza el Ayuntamiento de Zaragoza y hemos participado en las que tratan sobre los cantares de gesta (con los alumnos de 1º de ESO), La Celestina (con los de 1º de Bachillerato) y Don Quijote de la Mancha (con 4º de ESO). Visitar espacios de Zaragoza relacionados con las grandes obras de nuestra literatura abre los ojos a los lectores, que establecen relaciones que hasta ese momento no se habían planteado. Igual que los grandes libros te llevan a otras nuevas obras, los monumentos y los edificios de nuestra ciudad también están conectados con el mundo del pasado y nos abren nuevas posibilidades de conocimiento.
TEATRO. También hemos vivido la literatura asistiendo a la representación de diferentes obras teatrales. El teatro, como dijo el dramaturgo Víctor Hugo Rascón, «conmueve, ilumina, incomoda, perturba, exalta, revela, provoca, transgrede. Es una conversación compartida con la sociedad. El teatro es la primera de las artes que se enfrenta con la nada, las sombras y el silencio para que surjan la palabra, el movimiento, las luces y la vida». Y eso es lo que hemos querido que vivieran nuestros alumnos viendo las obras de Shakespeare o García Lorca. Los alumnos de 3º de ESO asistieron a la representación Ser o no ser… un tal Shakespeare, una primera toma de contacto con los personajes de Hamlet, Romeo y Julieta o El mercader de Venecia. Los alumnos de 4º de ESO y 2º de Bachillerato disfrutaron de la versión de Bodas de sangre de García Lorca, representada por el Teatro del Alma. En ella pudieron contemplar una estupenda muestra del teatro como espectáculo total, suma de palabra, arte, poesía, danza y música. Además, los alumnos de 4º de ESO ya habían ido a ver La casa de Bernarda Alba de García Lorca. Por último, los alumnos de 1º de Bachillerato asistieron al monólogo teatral Marx en el Soho, de Howard Zinn,  una excelente oportunidad para ver un gran trabajo interpretativo a cargo de Alfredo Abadía y profundizar en la vida y la obra del filósofo alemán.
CHARLAS CON LOS AUTORES. Nos han visitado los autores de dos de las lecturas obligatorias de este curso: Félix Teira charló el 24 de mayo con los alumnos de 4º de ESO a propósito de Hijos y padres y David Lozano hizo lo mismo con los de 3º de ESO el 9 de junio tras la lectura de Donde surgen las sombras. Siempre es un lujo contar con su presencia porque comparten con alumnos y profesores los entresijos de su oficio de escritores, sus lecturas favoritas y la forma en que planificaron y compusieron sus novelas, además de responder todas las incógnitas que se plantean en los coloquios. Es una forma de invitar a la lectura que no falla nunca.
CLUB DE LECTURA. Como en años anteriores, nuestro intento de contagiar el gusto por la lectura se extiende también a toda la comunidad educativa a través del Club de Lectura. Durante el presente curso ya nos han acompañado el poeta Daniel García Arana, la periodista y escritora Rosa Montero y el poeta y narrador Miguel Carcasona. Próximamente nos acompañará el novelista Félix Teira, amigo y compañero entrañable, para conversar sobre El último sol.
Daniel García Arana nos presentó Abisal, su primer poemario, fruto de la búsqueda de una poesía breve y profunda en la que resuenan las voces de los poetas y filósofos que han cantado la existencia. Rosa Montero compartió con nosotros La carne, su última novela, y sus agudas reflexiones sobre el tiempo, las relaciones humanas y el arte. Miguel Carcasona arrojó luz en la charla que mantuvimos con él acerca de la génesis de los diez relatos que componen Un ojo siempre parpadea y nos habló del sustrato poético y musical que alimenta su narrativa.

Y así ha pasado un curso en el que, además de los poemas, los relatos y los fragmentos teatrales leídos en todas las clases y además de los concursos literarios y de mis lecturas favoritas llevados a cabo como en años anteriores, las lecturas nos han acompañado y nos han hecho vivir la literatura de una manera especial, tratando siempre de buscar la felicidad.

lunes, 12 de junio de 2017

EL REALISMO Y EL NATURALISMO



A mediados del siglo XIX, predominan ya en los medios artísticos los principios estéticos del Realismo, movimiento artístico influido por el positivismo filosófico que nace de la depuración de los elementos más idealistas del Romanticismo, que ya no agradan a la sociedad burguesa de ese tiempo.
Gustave Caillebotte, Los acuchilladores de parqué (1875)
Para el positivismo, filosofía propia de la sociedad burguesa decimonónica, no existe más realidad que los hechos perceptibles ni es posible otra investigación que no sea la del estudio empírico de esos hechos o de las relaciones existentes entre ellos. La observación rigurosa y la experiencia son los instrumentos esenciales de la filosofía positivista. estos principios, base del desarrollo de las ciencias y de las técnicas, los formuló de forma sistemática el filósofo francés Auguste Comte. El método experimental (observación-hipótesis-experimentación) lo expuso el fisiólogo francés Claude Bernard.
Enorme importancia tiene el evolucionismo o darwinismo, propuesto por el naturalista inglés Charles Darwin - El origen de las especies (1859), El origen del hombre (1851)-, según el cual los diversos seres vivos resultan de la evolución y selección natural de los mejor adaptados al medio ambiente, a través de la lucha por la existencia y gracias a la transmisión de los caracteres por la herencia. Por esos años, en 1866, el botánico austríaco Gregor Mendel había descubierto las leyes de la herencia biológica.
Herbert von Herkomer,
En huelga (1891)
Durante la segunda mitad del siglo XIX alcanza también gran influencia el marxismo. En El capital, Karl Marx estudia la sociedad capitalista, sujeta también a unas leyes específicas. Desde principios materialistas, Marx afirma que el motor del desarrollo histórico es la lucha de clases y explica así las causas de las revoluciones burguesas y las contradicciones de la nueva sociedad capitalista, contradicciones que propician nuevas revoluciones, en este caso proletarias. La filosofía marxista, por tanto, no se limita a interpretar el mundo, sino que propone transformarlo, lo que explica que el marxismo se convirtiera en la ideología preponderante en los movimientos obreros de fin de siglo.
La repercusión de todas estas ideas en el arte, en general, y en la literatura, en particular, de la segunda mitad del siglo XIX es decisiva, como se comprueba en los siguientes rasgos generales de la literatura realista:
  • Observación y descripción precisa de la realidad. Es el principio básico del realismo al que obedece su propia denominación. Este interés por la observación de la realidad es paralelo a los métodos de observación característicos de las ciencias experimentales: los escritores llegan a documentarse sobre el terreno anotando apuntes sobre personajes o ambientes, o bien consultan libros, de los que extraen la información precisa. La vida real se convierte así en objeto estético.
  • Ubicación próxima de los hechos. Frente a la evasión espacio- temporal del Romanticismo, los autores realistas escriben sobre lo que conocen, con lo que sitúan sus obras en el presente y en lugares próximos. La mirada se desplaza hacia lo cotidiano, eliminando el subjetivismo y la fantasía y controlando los excesos de la imaginación y del sentimentalismo.
  • Frecuente propósito de crítica social y política. La intención sociopolítica varía según la ideología particular de cada escritor. En general, los autores conservadores describen la realidad para mostrar su degradación y postular un retorno a los valores tradicionales. Los progresistas también muestran las lacras sociales, pero éstas, según ellos, obedecen a la pervivencia de una mentalidad conservadora que lastra el avance hacia el mundo nuevo.
  • Estilo sencillo y sobrio. Los realistas no solo abandonan los temas legendarios del Romanticismo, sino que rechazan la pomposa retorica romántica. El ideal de estilo es la claridad y la exactitud, como corresponde al deseo de acercar la labor del escritor a la del científico.
  • Predilección por la novela. El género literario por excelencia fue la novela, que alcanzó un auge inusitado. Según los realistas, la prosa narrativa era el género adecuado para reflejar la realidad en su totalidad. Los rasgos típicos de la novela realista son:
  1. -Verosimilitud. Las historias son como fragmentos de realidad. aunque inventadas por su autor, se basan en la experiencia cotidiana, y tanto los protagonistas como los ambientes son creíbles. Han desaparecido del relato los sucesos inverosímiles, los hechos maravillosos y las aventuras insólitas.
  2. -Protagonistas individuales o colectivos. Los protagonistas de las novelas son o individuos que se relacionan problemáticamente con su mundo o grupos sociales completos, que permiten al novelista dar una visión global de la sociedad contemporánea. En el primer caso, se hace hincapié en el análisis psicológico del protagonista; en el segundo, en la descripción de los más variados ambientes y comportamientos, con la aparición de medios sociales ignorados por la novela hasta entonces (burguesía, proletariado, mendigos, desclasados,…). Se distinguen, pues, dos tipos de novela: la novela psicológica y la novela de ambientación social.
  3. -Narrador omnisciente. El narrador maneja por completo los hilos del relato: sabe lo que va a suceder, conoce hasta los más ocultos pensamientos de los personajes, interviene en la obra con juicios sobre hechos y personajes y con observaciones dirigidas al lector. Ello no es incompatible con fingir una mera actitud de cronista unos hechos, de notario de una realidad de la que es testigo. con el tiempo, este ideal de objetividad conduce a atenuar las apariciones del narrador en la obra.
  4. -Didactismo. Es corriente que los autores pretendan con sus novelas ofrecer una lección moral o social. Ello es así en las llamadas novelas de tesis, en las que el escritor desea demostrar una idea general a la que quedan subordinados el argumento, los personajes y el ambiente de la obra.
  5. -Estructura lineal. Los hechos transcurren de forma lineal en el tiempo, aunque no son extrañas las vueltas atrás para contar episodios pasados, pero éstas no interrumpen más que provisionalmente el hilo general de la narración.
  6. -Descripciones minuciosas. Las descripciones de interiores y exteriores y las de los mismos personajes son extremadamente detalladas, de modo que en las obras a veces predomina la descripción sobre la narración.
  7. -Aproximación del lenguaje al uso coloquial. El lenguaje narrativo se aproxima a la lengua de la conversación, a la que se eleva a la categoría de lengua literaria. Los autores se esfuerzan en adecuar el lenguaje a la naturaleza de los personajes, que hablan con arreglo a su condición social, a su origen geográfico o a sus propias particularidades.

Se conoce como Naturalismo una corriente literaria que se desarrolló durante el último tercio del siglo XIX, fundamentalmente en Francia, y que tuvo como principal impulsor a Émile Zola (1840-1902), quien pretende que la literatura se convierta, a semejanza de las ciencias naturales, en otra ciencia cuyo objeto de estudio es el medio social. La literatura debe analizar científicamente el comportamiento humano siguiendo los principios de la observación y la experimentación. Para ello, parte de la idea de que el hombre se encuentra determinado biológica y socialmente: no es en realidad libre, puesto que los individuos están condicionados por su herencia genética y por el ambiente social en que se mueven. El novelista, pues, a semejanza del científico, ha de experimentar con sus personajes para comprobar cómo se modifican sus reacciones según cambian las circunstancias y teniendo siempre en cuenta su particular condición biológica heredada. Esto explica la preferencia de los naturalistas por ambientes miserables y sórdidos y por personajes tarados, alcohólicos, embrutecidos o víctimas de patologías diversa, ya que tales casos permiten demostrar más concluyentemente la influencia determinante de la biología y del medio social.
Técnicamente se extreman los rasgos del Realismo: descripciones minuciosas, reproducción fiel del lenguaje hablado … En cuanto al punto de vista narrativo, si el papel del científico consiste solo en exponer y analizar los hechos, así ha de proceder el novelista, que debe abstenerse de intervenir en la narración, por lo que se propugna el ideal del narrador impersonal y objetivo.
Las novelas tienen, además, una intención moral. Influidos por las ideas socialistas, los naturalistas piensan que, ya que no se puede modificar la herencia biológica, sí es posible igualar las condiciones sociales en que viven los hombres. La novela naturalista contribuiría a proporcionar un conocimiento más exacto de los seres humanos y de la sociedad, con el fin de poder mejorarlos.
[Tomado de Lengua castellana y Literatura. 2º de Bachillerato, editorial Akal, 2009, obra entre otros de Ignacio Bosque, Julio Rodríguez Puértolas o Domingo Ynduráin]

lunes, 5 de junio de 2017

JUAN GOYTISOLO, EL ESCRITOR CONTESTATARIO

Ayer murió Juan Goytisolo, uno de los novelistas más importantes de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX. Autor comprometido, heterodoxo, contestatario, experimental, sus novelas Señas de identidad, Reivindicación del conde don Julián, Juan sin tierra, Makbara o Paisajes para después de la batalla han pasado a ser muestras ejemplares de una forma personal y renovadora de afrontar el género narrativo.
Como homenaje os dejo el discurso que pronunció al recibir el Premio Cervantes 2014, una defensa apasionada del legado de Miguel de Cervantes y una invitación a la contestación y a la indignación frente a las injusticias y la desigualdad.


A LA LLANA Y SIN RODEO
En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: la de quienes conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción.
El encasillado en las primeras cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede a veces, la adicción le procura beneficios materiales, pasa de la categoría de adicto a la de camello o revendedor. Llamaré a los del primer apartado, literatos y a los del segundo, escritores a secas o más modestamente incurables aprendices de escribidor.
A comienzos de mi larga trayectoria, primero de literato, luego de aprendiz de escribidor, incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito -atraer la luz de los focos, "ser noticia", como dicen obscenamente los parásitos de la literatura- sin parar mientes en que, como vio muy bien Manuel Azaña, una cosa es la actualidad efímera y otra muy distinta la modernidad atemporal de las obras destinadas a perdurar pese al ostracismo que a menudo sufrieron cuando fueron escritas.
La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita. El dulce señuelo de la fama sería patético si no fuera simplemente absurdo. Ajena a toda manipulación y teatro de títeres, la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza.
Quienes adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginar siquiera que la fuerza genésica de su novela les sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras ni épocas.
"Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria", escribe Fernando Pessoa, y coincido enteramente con él. Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor.
Desde la altura de la edad, siento la aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración.
Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera.
Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición! Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad cervantina.
Me reconozco plenamente en ella. Cervantear es aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía.
Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias.
En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel?
¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?
Hace ya algún tiempo, dedique unas páginas a los titulados Documentos cervantinos hasta ahora inéditos del presbítero Cristóbal Pérez Pastor, impresos en 1902 con el propósito, dice, de que "reine la verdad y desaparezcan las sombras", obra cuya lectura me impresionó en la medida en que, pese a sus pruebas fehacientes y a otras indagaciones posteriores, la verdad no se ha impuesto fuera de un puñado de eruditos, y más de un siglo después las sombras permanecen.
Sí, mientras se suceden las conferencias, homenajes, celebraciones y otros actos oficiales que engordan a la burocracia oficial y sus vientres sentados, (la expresión es de Luis Cernuda) pocos, muy pocos se esfuerzan en evocar sin anteojeras su carrera teatral frustrada, los tantos años en los que, dice en el prólogo del Quijote, "duermo en el silencio del olvido": ese "poetón ya viejo" (más versado en desdichas que en versos) que aguarda en silencio el referendo del falible legislador que es el vulgo.
Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa "exquisita mierda de la gloria" de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo.
El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.
Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, "deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables" e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.
Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla.
El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo.
No se trata de poner la pluma al servicio de una causa, por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de esta en el ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la encrucijada, Cervantes nos muestra el camino.
Su conciencia del tiempo "devorador y consumidor de las cosas" del que habla en el magistral capítulo IX de la Primera Parte del libro le indujo a adelantarse a él y a servirse de los géneros literarios en boga como material de derribo para construir un portentoso relato de relatos que se despliega hasta el infinito.
Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote.
Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella. Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia.