jueves, 27 de febrero de 2014

"LOS CUERNOS DE DON FRIOLERA", UN ESPERPENTO DE VALLE-INCLÁN

Don Manolito: ¿Cree usted que no ha servido de nada Don Quijote?
Ayer los alumnos de 2º de Bachillerato asistieron en el Teatro de la Estación a la representación de la obra "Diálogo de sombras" de Rafael Campos, a cargo de la compañía Tranvía Teatro. La obra plantea un hipotético encuentro entre Valle-Inclán y García Lorca, tras sus muertes en 1936, el uno de "viejo", el otro "de muy mala muerte". Junto a la Niña Presentación, personaje inocente y popular, muerta quizá también en el mismo año, los dos autores reflexionan sobre su tiempo, sobre España, sobre sus gentes, sobre el papel de la literatura, sobre el teatro,..., a la vez que van recreando escenas de sus obras y recitando poemas que escribieron. [En este enlace se puede consultar el cuaderno pedagógico que la compañía mandó al instituto y que aporta interesantes informaciones sobre la obra, sobre los textos que incorpora, y sobre el contexto histórico y cultural de la España de principios del siglo XX].

La primera escena que recrearon es el recitado del romance de ciego que aparece en el epílogo del esperpento de Valle-Inclán Los cuernos de Don Friolera, incluido en Martes de carnaval.
Los cuernos de Don Friolera se divide en tres partes: un prólogo y un epílogo, y entre ambos el esperpento desarrollado en doce escenas. En el prólogo aparecen dos personajes, don Estrafalario y don Manolito, que asisten a la representación de una farsa popular sobre el tema del marido cornudo y su venganza,  realizada por un ciego bululú en el corral de una posada. En el esperpento se cuenta la historia de Pascual Astete, teniente de carabineros (conocido popularmente como don Friolera), que recibe un anónimo, que pronto se conoce está escrito por Tadea Calderón, en el que se le anuncia que su mujer le engaña con otro hombre, el barbero Pachequín. El teniente duda entre perdonar o vengarse, pero el espectador pronto conoce que no ha habido ningún engaño. Tras muchas situaciones grotescas, los mandos de los carabineros instan al teniente a que lave su honor con sangre. Lo hace, borracho, disparando por la noche a su mujer que huye en compañía de su hija y del barbero. El desenlace no puede ser más fatal: muere la inocente hija. El epílogo está constituido por un espantoso romance de ciego, folletinesco y melodramático, que los personajes del prólogo escuchan recitar desde la cárcel: Friolera mata a su hija, luego a su mujer y al amante y termina condecorado y elevado a héroe nacional por los muchos moros que mató en Melilla. El romance sirvió a Valle-Inclán para quitar valor a los relatos épicos, al igual que la tragedia del prólogo quedó convertida en un simple sainete.
La obra presenta tres versiones de un mismo asunto y están relacionadas con las distintas maneras de ver el mundo: en pie (el prólogo), levantado en el aire (el esperpento) o de rodillas (el epílogo). Es, en definitiva, una parodia y sátira del tópico del honor calderoniano vigente en la sociedad española de entonces, una sátira antimilitarista (al igual que las otras dos obras que integran Martes de carnaval) y una parodia de los dramas melodramáticos de Echegaray que triunfaban en la escena española de principios del siglo XX.

Al final de la entrada (en más información) reproduzco el romance que recitaron al principio de la obra, ejemplo de la "mala literatura" que según don Estrafalario y don Manolito gustaba tanto al pueblo español: una literatura ridícula en la que los españoles aparecen "como unos bárbaros sanguinarios" y en la que se ve que "somos unos borregos". Don Estrafalario cree que "¡aún no hemos salido de los Libros de Caballerías!", es decir, de las ficciones intrascendentes que idealizan a sus protagonistas y que emboban a los lectores. De nada ha servido la lección de Don Quijote en opinión de don Estrafalario, portavoz de las ideas de Valle-Inclán.
Don Estrafalario invita al final a don Manolito a comprar y luego quemar el romance de ciego, esto es, a destruir una literatura que propaga en la sociedad española una trasnochada y rancia moral basada en la defensa del código del honor calderoniano.
[Para esta entrada he seguido los estudios que hicieron sobre esta obra Ángel Basanta, Manuel Aznar, Rodolfo Cardona y Anthony N. Zahareas].
Aprovecho para dejar la presentación que elaboré para explicar en clase el teatro de Valle-Inclán.



ROMANCE DEL CIEGO

En San Fernando del Cabo,
perla marina de España,
residía un oficial
con dos cruces pensionadas,
recompensa a sus servicios
en guarnición y en campaña.
Sin escuchar el consejo
de amigos que le apreciaban,
casó con una coqueta,
piedra imán de su desgracia.
Al cabo de poco tiempo
-el pecado mal se guarda-
un anónimo le advierte
que su esposa le engañaba.
Aquel oficial valiente,
mirando en lenguas su fama,
rasga el papel con las uñas
como una fiera enjaulada,
y echando chispas los ojos,
vesubios de sangre humana,
en la cintura se esconde
un revólver de diez balas.
Esperando la ocasión,
a su esposa fetejaba,
disimulando con ella
porque no se recelara.
Al cabo de pocos días
supo que se entrevistaba
en casa de una alcahueta
de solteras y casadas.
Allí dirige los pasos,
la puerta encuentra cerrada,
salta las tapias del huerto,
la vuelta dando a la casa,
y oye pronunciar su nombre
entre risas y soflamas.
Sofocando un ronco grito,
propia pantera de Arabia,
en astillas, de los gonces,
hace saltar la ventana.
¡Sagrada Virgen María,
la voz tiembla en la garganta
el narrar el espantoso
desenlace de este drama!
Aquel oficial valiente
su revólver de diez balas
dispara ciego de ira
creyendo lavar la mancha
de su honor. ¡Ay, no sospecha
que la sangre derramada
de su hija Manolita,
pues la madre se acompaña
de la niña, por hacer
salida disimulada,
y el cortejo la tenía
al resguardo de la capa!
Cuando el valiente oficial
reconoce su desgracia,
con los ayes de su pecho
estremece la Alpujarra.
A la mujer y al querido
los degüella con un hacha,
las cabezas ruedan juntas,
de los pelos las agarra,
y con ellas se presenta
al general de la plaza.
Tiene pena capital
el adudlterio en España,
y el general Polavieja,
con arreglo a la Ordenanza,
el pecho le condecora
con una cruz pensionada.
En los campos de Melilla
hoy prosigue sus hazañas:
él solo mató cien moros
en una campal batalla.
Le proclaman nuevo Prim
las cabilas africanas,
y el que fuera Don Friolera
en lenguas de la canalla,
oye su nombre sonar
en las lenguas de la Fama.
El Rey le elige ayudante,
la Reina le da una banda,
la infanta Doña Isabel
un alfiler de corbata,
y dan a luz su retrato
las Revistas Ilustradas.

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